
Antes de elegir entre uno u otro, es fundamental entender cuál es la capacidad financiera de tu negocio, tu estructura operativa y el nivel de riesgo que estás dispuesto a asumir. Estos factores determinarán si te conviene un esquema donde tú absorbas el riesgo de impago, o uno en el que el riesgo recaiga en la entidad financiera.
Diferencias clave entre factoraje con y sin recurso:
Una de las decisiones más relevantes al contratar factoraje es definir quién asumirá la responsabilidad si el cliente final no paga. Esa es, precisamente, la diferencia entre el factoraje con y sin recurso.
En el factoraje con recurso, la empresa que solicita el financiamiento (es decir, tú) sigue siendo responsable en caso de que el cliente final no pague la factura. La entidad financiera adelanta el dinero, pero si el deudor no cumple con el pago al vencimiento, tú deberás devolver el monto recibido.
Este modelo es el más utilizado en la industria debido a que implica menor riesgo para la institución financiera. Como resultado, suele ser más económico en términos de comisiones y con requisitos más accesibles. La empresa de factoraje gestiona el cobro, pero el vendedor mantiene la responsabilidad ante un posible impago.
Por el contrario, el factoraje sin recurso traslada completamente ese riesgo a la entidad financiera. En este caso, si el cliente final no paga por razones financieras justificadas (como insolvencia o quiebra), la empresa que solicitó el factoraje no está obligada a reembolsar el dinero recibido. Eso sí, este modelo suele estar sujeto a más filtros de aprobación y costos ligeramente mayores, ya que implica mayor exposición para el factor.
Es importante mencionar que incluso en esquemas sin recurso, pueden existir excepciones. Por ejemplo, si el impago se debe a una disputa comercial, como la entrega de productos defectuosos, la empresa que solicitó el factoraje seguirá siendo responsable del pago ante la financiera.
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